Diversidad Cultural

Organillero

Un personaje típico de los barrios de Santiago era el organillero. Se lo veía pasar con la pesada caja del organillo cargada en la espalda, bien agarrada de la ancha correa que le cruzaba el pecho.

En una mano llevaba la jaula con el lorito amaestrado, y en la otra el manojo de elásticos desde donde colgaban pelotas de aserrín forradas con papeles de vivos colores.

Al llegar a una esquina cualquiera, donde sabía que aparecerían muchos niños, descargaba su instrumento, colocaba la jaula sobre él, y al poco rato comenzaba a tocar sus típicas melodías. De inmediato, como por arte de magia, de todas partes surgían los chiquillos como respondiendo a un misterioso llamado.

Junto con ellos también llegaban coquetonas muchachas, quienes, con el pretexto de vigilarlos más cerca, aprovechaban de saber qué les deparaba el destino; porque ése era el importante papel de la lorita: el pajarraco asomaba su cabeza por entre los barrotes y con su pico pescaba uno de los papelitos del pequeño cajón que se habría bajo su jaula.

Cuando el negocio comenzó a decaer, los organilleros introdujeron nuevas atracciones en su oficio. El más común era un mono tití, al cual vestían con diminutas ropas humanas, y que reemplazaba al lorito con sus gracias y piruetas.

En Chile, los organilleros fueron reconocidos recientemente como “Tesoros Humanos Vivos” ya que representan la supervivencia de una actividad urbana que ha logrado integrarse y permanecer en la vida moderna.

Los organilleros tienen más de 100 años de oficio en Chile, pero recién en 2011 se organizaron como una Corporación Cultural con el fin de lograr una apreciación y valoración social del oficio.

Es así como a través de esta vía han logrado conservar sus instrumentos, repertorio musical, danza y juguetes, logrando mejores oportunidades para continuar con su oficio.El organillero es reconocido por ser un personaje popular y urbano que se desempeña como músico itinerante de la calle, recorriendo diversos espacios públicos, como plazas, barrios, balnearios, ferias y fiestas populares.

El personaje del organillero representa y sintetiza muchos aspectos de la cultura del “roto chileno” por su actitud libertaria frente al trabajo y la administración de su tiempo. El uso del espacio público y la relación abierta con el territorio que recorre y visita según su deseo y voluntad, lo identifican con un ideario que convoca el afecto y adhesión del público.

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